Hace más de treinta años, fumarse el primer cigarrillo era sinónimo de volverse hombre.
Todos recordamos talvez cómo tosíamos o nos mareábamos con aspirar los primeros cigarrillos. Pero el cine también hacía apología del hábito de fumar. No es sino recordar a Humprey Bogarth o al actor francés Alain Delon y las actrices famosas que aspiraban con elegancia y placer un cigarrillo. Ni qué decir de las propagandas de Marlboro, de aquel vaquero tejano, que después de laborar todo el día en una ruda jornada, en un ambiente campestre y al atardecer se fuma un cigarrillo y nos invitaba a compartirlo con él.
Son bien conocidos los efectos dañinos que el tabaco produce en la salud de los fumadores. Entre los más nocivos se cuenta el enfisema o tumefacción pulmonar, que produce a largo plazo en los fumadores habituales y que es considerado el responsable del 80 por ciento de las muertes por cáncer de pulmón.
Pero también es de destacar la influencia negativa de los cigarrillos, sobre el estado general de la salud y sobre la frecuencia de aparición de enfermedades cardíacas, trastornos respiratorios y otros fácilmente visibles como el color amarillento de los dientes, dedos y fosas nasales; aliento desagradable, deshidratación de la piel y aparición de arrugas prematuras; rechazo social de los no fumadores debido a la contaminación ambiental que produce el humo y un efecto nocivo sobre la salud equiparable al que causa sobre el fumador.
De igual manera, afecta negativamente el rendimiento atlético; aumenta la presión sanguínea, da tos permanente y dolores de pecho. El tabaco mata a 4,9 millones de personas cada año. Los países de mayor consumo de cigarrillos se ubican entre los más desarrollados; el consumo de más de 1.500 a 2.000 cigarrillos /adulto/promedio/año (4 a 6 cigarrillos por día) y más de 2.000 a 2.500 cigarrillos (6 a 7 por día), son, con mucha diferencia, los de América del Norte, Europa y Asia, en este mismo orden. Por el contrario, los porcentajes más altos en las columnas de menor consumo por adulto, menos de 500 y de 500 a 1.000 cigarrillos por adulto/promedio/ año, (1 a 3 por día), son los de África y América Latina.Pero, de acuerdo con publicaciones especializadas, en los próximos años las amenazas más dañinas del tabaco se ciernen sobre los países más pobres, debido, entre otras causas, al fenómeno de la globalización que impulsa el consumo de cigarrillos en esos países. En el 2020, casi 75 por ciento de las muertes provocadas por las sustancias tóxicas de los cigarrillos se producirá en los países pobres.
Un fumador social considera que fumarse tres o cuatro cigarrillos por día es normal, pero si se hace la cuenta al año equivalen a 1.095-1.460 cigarrillos/año, o 73 paquetes de 20 cigarrillos. Si se multiplica por 20 años, equivaldría a 21.900- 29.200 cigarrillos.
Existen muchas campañas educativas para dejar de fumar, pero la solución es solo una: fuerza de voluntad. Quien escribe este artículo se fumaba en promedio 20 cigarrillos/día. Hice las cuentas de cigarrillos consumidos en 20 años y pensé: ¿podrán los pulmones, los órganos más nobles y delicados del organismo, encargados de la oxigenación de la sangre, permitirnos respirar adecuadamente, soportar esta cantidad de nicotina y contaminantes? Y tomé la decisión de dejar de fumar hace 15 años.
Un último dato: cada año después de dejar de fumar disminuye en 5 por ciento el riesgo de contraer cáncer de pulmón, o sea, tomaría 20 años eliminar totalmente el riesgo.
AUTOR: Carlos Villar Cleves